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[Nosotros: la historia de Carlos y Fernando] -Parte 2-

  • 16 abr 2018
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 11 may 2018

-FERNANDO-


El dolor en mi cabeza se planta como una semilla que no para de crecer, repaso mis dedos sobre las cejas una vez más, sigue sin ceder. El vibrar silencioso del móvil sobre el escritorio de madera, comienza a molestarme.

No tenía pensado involucrarme en esa clase de negocios, pero justamente algo llamó mi atención. No iba ser fácil, pero me gustaban los retos, así que... ¿Qué más daba? Antonieta entra como una tormenta implacable, destructora, interrumpiendo el silencioso golpeteo de la lluvia contra la ventana, todo lo que pretendía resolver se esfumaba como el viento. Lanzo un resoplido de hastío, pues ya debe haberse enterado.

"¿Qué mierda estabas pensando para comprar un prostíbulo"

"Quizás me acordé de ti" replico impasivo.

Me lanza una mirada amenazante.

"Eres un puto gay, ¿necesitas reafirmarlo o qué?"

"Basta"

"¿Qué? ¿te molesta, que te diga la verdad?"

"Donde ponga mi polla, no es de tu incumbencia"

"Claro, cuando pusiste tu jodida polla en Alberto... ¿Tampoco era de mi incumbencia, no?"

"Te hice un favor" me encojo de hombros.

"¿Un favor? ¿un favor? ¡Qué patetico eres!" grita.

Respiro una y otra vez, mientras mi cabeza comienza un conteo imaginario del cuál quisiera pertenecer, perderme entre el 2 y el 3, quizás el 4. Pero no quiero seguir una discusión que no tendrá final.

"Esto no tiene nada que ver contigo, ni con la familia. Esto es mi problema, mi negocio, mi vida. Punto." anuncio con la esperanza que me deje solo.

"¡Vete a la mierda!" replicó antes de lanzar tras de si la puerta.

«Eso fue fácil» pensé irónico.

El sonido gutural del rayo rompe el ligero silencio de la habitación, la lluvia arrecia afuera ahora, haciéndose más fuerte. Él movil comienza a sonar de nuevo, esta vez es Amara, la antigua dueña de Colors, la mansión que ahora es mía.

«Un puñetero prostíbulo gay, deja de llamarlo mansión» pensé contrariado.

Cojo las llaves del bolsillo del pantalón, suspirando con hastío un par de veces más. Salgo de la oficina, cruzo el salón dejándome absorber por la luz incesante del vago sol escondiéndose muy suave y la lluvia golpeando el ventanal.

Termino escurriéndome tras la puerta del pasillo, la que da directo al garaje. Me deslizo sobre el asiento de cuero de mi BMW, presionando la pantalla del GPS que me anuncia con voz de robot sensual el tiempo que trascurre hasta llegar a mi destino. Un escalofrío me recorre lentamente, esto de las premoniciones nunca ha sido mi fuerte.

Respiro hondo intentando deshacerme de esta incongruencia. Esto se está convirtiendo en la parte más difícil de mi vida. Los nervios hacen que mis asquerosas manos tiemblen, pero me las apaño sobre el volante. Derecha, izquierda. Escucho aquella voz robótica que pronuncia: "Su destino está a la derecha". El auto lo he estacionado con facilidad, aquellos colores distintivos de la calle Pelayo, se me antojan ligeramente sombríos esta vez, llenándome la cabeza de recuerdos recientes.


"Tratar con un montón de...." susurro.

«¿Maricas? Tu eres uno de ellos» me respondo mentalmente, cerrando la puerta de un golpe seco.

Miro distraído la inmensidad de la mansión, los cuatro pisos de modernidad antigua que pretendían sofocarme. Abro la puerta trasera del club, hasta que mi mirada furtiva se encuentra con unos molestos ojos azules.


Una mirada acuosa, débil, y a la vez, impactante, que ya parecía dispuesta a todo. Si alguien, por extraño que pareciese, me hubiera preguntado que 'mierda' estaba sucediendo, no habría sabido responder. Me ahogó su mirada, como un suave viento que acaricia la piel, despertando todos los recovecos de mi cuerpo, al punto de que odiarme a mi mismo, había vuelto a ser una opción segura. Trago el nudo que se ha formado en la garganta, mientras el chico desvía su mirada, con su mano entrelazada en el brazo de otro.

"¿Qué mierda te pasa?" gruñí por lo bajo. ***Todas las descripciones, direcciones, lugares, personajes, fueron diseñadas a imaginación del autor, las imágenes fueron tomadas desde la web. Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia***


 
 
 

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