Las lágrimas atrapadas tras ver «La tumba de las luciérnagas, de Isao Takahata» y el pensamiento de
- 6 abr 2019
- 3 Min. de lectura

Tengo un nudo bien apretado en la garganta. Hace unos días logré ver “completa” esta obra maestra de Isao Takahata, basada en una historia corta autobiográfica de Akiyuki Nosaka. Cuando digo “completa” significa que duré casi 2 días para poder analizarla y no llorar de solo recordar lo que esas vívidas imágenes expresaban. Me costó muchísimo aguantarme las lágrimas (aún a sabiendas de los sentimental que soy). Nunca una película animada me había calado tanto, tan hondo... jamás había dolido tanto. Ni siquiera cuando recuerdo «El rey León», «Dumbo» o «El principito». No puedo ni pensar que sentiré cuando me atreva a verla de nuevo, con personajes reales.

Estaba decidida. Había leído las críticas y comentarios que rondaban esta película. De hecho, había visto una curiosa fotografía (inspiración de la película) días antes, desde una cuenta de instagram dedicada a filmes, documentales y series. En esa foto, aparece un niño de unos 14 años (quizás de menos edad), con una bebé (que no superaba el año de edad) atada en su espalda. Me fijo en la rigidez del niño, sus pies descalzos, el dolor de su rostro marcado y delgado, producto de la inanición en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, en Japón (Bombardeo de Kobe, 1945).
Lo más impactante (y cruel) en la foto, es el cuerpo sin vida de su hermanita en su espalda, con su rostro delgado, gastado y consumido por la rudeza de la guerra. Su cabeza estaba inclinada hacia atrás y sus bracitos pendían abiertos de par en par. Parecía profundamente dormida.
¡DETENTE AQUÍ!
Si no la has visto, esto es un SPOILER
En una de las escenas, casi al final de la película. El hermano, lleva a su hermana al doctor. Setsuko (hermana) está muy débil debido a una diarrea, prolongada por casi 2 semanas. Ellos se alimentaban de sapos muertos hervidos, algunos peces (si lograban conseguir algunos) e insectos. Entonces el doctor levanta la camiseta raída de la niña, mientras se logra ver el cuerpo pálido y delgado (demasiado delgado) con la piel hundida alrededor de sus costillas. El doctor explica que está desnutrida a causa de la diarrea, a lo que, el hermano desesperado le pide medicinas para ayudarla a parar la enfermedad que los perseguía y consumía, además de los instintos de supervivencia que tenían que enfrentarse.
Mientras garabatea cualquier cosa en una hoja de papel, el doctor le dice: “¿Medicinas?... Lo que ella necesita es comida, no medicinas”.
Seita (hermano), le responde contrariado: “¿Solo comida?” respira prolongadamente mientras entra otro paciente a la consulta, entonces explota: “¿Comida? ¿Y dónde consigo comida?” grita, con lágrimas en sus ojos y su débil hermana en los brazos.
Ese dolor, el dolor de Seita se me clavó en la piel y en la mente casi a fuego. No conseguí quitarme esa imagen de la cabeza. La desesperación en sus ojos sabiendo que su hermana estaba muriendo de hambre, que los dos estaban muriendo de hambre, la tristeza de la tragedia, la forma en que siempre la cuidó, la forma en que necesitaba de ella.
Lo único que le quedaba.
El pensamiento de lucha.
De pronto otra imagen me vino a la cabeza. El montón de imágenes que ruedan desde hace casi 20 años, en mi país (y el de muchos) Venezuela. Recordé una en específico, una madre con su hija (de 19 años) en brazos. La chica, yacía lángida, con sus huesos sobresalidos y su piel casi traslúcida, sin vida en sus brazos, sólo pesaba 10 kilos. La madre gritaba y aclamaba al gobierno que parara, que la gente estaba muriendo de hambre por culpa de la ambición (tan propia de los gobernantes insasiables de poder) y así lo sentí. Lo sentí como madre, siento el dolor de TODAS y cada una de las madres. La desesperación, la tristeza, el terror de no tener que comer, no tener como salvar a tus hijos, el llanto encerrado en el pecho, el odio que va creciendo en el corazón, la desesperanza y las ganas enequívocas de morir también.
Se necesita mucho valor, mucha fuerza, mucha calma. Todo eso que jamás llega, qué jamás llena el alma del todo.
Este “artículo” es un pensamiento de lucha por mi país, palabras que quisiera decir pero que tengo atascadas en mi garganta.
Si quieren ver la película completa, les dejo los enlaces de youtube, en sus dos versiones.
Animada (audio latino / HD):
Personajes reales (subtitulada):
Les mando un abrazo fuerte, de esos que atajan al corazón.







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