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Cajitas de recuerdos en mi memoria

  • 31 jul 2017
  • 2 Min. de lectura

No suena el despertador aún, pero su pequeño y rechoncho pie ha venido a parar a mi cara, los deditos le hacen cosquillas a mi boca.


Abro los ojos y sonrío, alcanzo el pie con mi mano colocándolo al lado de la almohada, no sin antes aspirar ese olor suave, tierno e inocente. Vuelvo a sonreír, desde que él existe lo hago más seguido. Mi memoria hace cajitas de recuerdos con el sonido de su risa, o la forma cómo balbucea la palabra 'mamá' muy despacio, sin prisa, con alegría y énfasis.


Se retuerce un poco más mientras el colchón se acomoda para él. Doy un ligero bostezo porqué no quiero mirar el reloj, no quiero saber la hora aún. Estoy deleitándome con su corto cabello dorado, revuelto entre la cama y su pequeño rostro.


Acaricio su espalda, y suspiro una oración solo para él, solo para mí. Allí, a su lado, es el lugar donde me siento segura, él me sostiene el alma con tan solo mirarme, así de simple nace el amor verdadero. Vuelve a moverse, mientras los rayos del sol comienzan a entrar por la ventana, deduzco el tiempo en mi cabeza y resoplo.


"Quiero quedarme aquí, con él. Acurrucarme a su lado unas horas más..."


Intento moverme lo más lento posible para levantarme, pero él siente el ligero vaivén y se gira. Pone su pequeña mano en mi brazo, sujetándome con el corazón. Sonrío y me brotan las lágrimas, porque soy excesivamente sentimental hasta cuando no debo serlo.


Abre sus ojos, mientras lo observo sonreír cuando me ve. El pecho se me infla de miles de sensaciones que bombean mucho más que mi corazón. Tengo mariposas en el estómago, como la primera vez que lo vi a través de un televisor, en blanco y negro, con un aparato rodando por mi vientre.


Él se acomoda, se sienta del todo y se lanza a mi pecho, me abraza y juguetea con mi cara, mi cabello. Pego mi nariz a su cuello, llenándome de ese olor de calma, de risas y sueños. Lo abrazo con tanta fuerza que escucho cuando se queja que es demasiado y me vuelvo a reír. Reparto besos por su carita, panza, pies y dedos, se retuerce de risa, mientras lo acurruco suavemente.


Había dejado de creer en los sueños y él llegó para demostrarme lo contrario.- susurro para mis adentros.



Para, André.

 
 
 

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