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A veces, no es tan fácil.

  • 7 jun 2016
  • 2 Min. de lectura


Fíjense, que tanto les he hablado del bloqueo del escritor, bloqueo literario y unas cuantas cositas más. Pues me he descubierto, cayendo inevitablemente en dicho bloqueo.


Escribir un libro, es algo que lleva tiempo y mucha constancia. Cuando escribí ROTA, sentía que una veces la inspiración fluía como el agua, otras veces, pasaban semanas sin ni siquiera tocar el teclado o alguna hoja de papel para escribir. Realmente me devastaba, así es, me deprimía. Todo va de la mano con miles de sucesos que van pasando día a día. Llega el instante en que finalmente terminas la historia, sonríes y subes esa preciosa y victoriosa foto que apunta al FIN (de la historia), a pesar de que posteriormente tengas que editar.


Actualmente escribo la segunda parte de mi libro, es un arduo trabajo, mucho más que el primero, pues para mi, enlazar una historia que continua, es un gran reto. Aunque, ¿les cuento un secreto? cada vez que lo hago, una parte de mi se siente bien, completa, satisfecha (mejor, empiezo a creer que soy bipolar), por otro lado, con este nuevo libro, me he tardado tanto que muchas veces, me encuentro llorando en la ducha, precisamente por todo el tiempo que me ha tomado. Ahora bien, esta segunda historia me enamora aún más que la primera, siento como si estuviera en el lugar perfecto, como si pudiera contarse sola.


Espero (con todas mis fuerzas y mi constancia) terminar mi segundo libro en este mes, además mis días tienen una razón más para no rendirme, es que muy pronto seré MAMÁ (¡¡Siii!!) así que, cada cosa, por mínima e insignificante que sea valdrá la pena (SIEMPRE).


¿Les ha pasado?


¡Gracias por leerme!


Un abrazote, de los fuertes.

 
 
 

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